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En el lio de ser madre.

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Entre dos tierras

“Entre dos tierras estás
y no dejas aire que respirar
entre dos tierras estás
y no dejas aire que respirar”

Entre dos tierras estoy, y no tengo aire que respirar….

Así me siento últimamente entre Tenedor y cucharita…Siento que ambos reclaman su tiempo, su espacio, y no llego a ninguno de los dos.

Mientras Cucharita llora, para que la coja en brazos, Tenedor se revela, se enfada, y hace todo lo contrario a lo que le pedimos, para llamar nuestra atención… Noto, que no puede controlar sus celos, y eso le lleva a perder el control, a desafiarnos constantemente, en una batalla contra su hermana, sin tan siquiera, él saber de dónde le viene tanta irá, tanta rabia…

Algo en él está cambiando, y no puedo evitarlo…

Su comportamiento se modifica, su personalidad se desdibuja, y a mi, me consume la impotencia de no saber cómo ayudarle a gestionar sus sentimientos, a qué comprenda que sigue siendo importante, que le seguimos queriendo como antes, solo que ahora somos uno más.

Y mientras, yo, me estoy convirtiendo en la madre que nunca quise ser, mi paciencia brilla por su ausencia, me siento perdida y desbordada. Y todos mis propósitos se pierden en el intento.

Me queda la esperanza de que sea una etapa, de que Tenedor, encuentre su nuevo sitio, aprenda a canalizar lo que siente, acepte a su hermana como una igual, y no una rival.

Que entienda que nuestro amor, es incondicional, y que sigue siendo importante en nuestras vidas, y volver a respirar armonía en el hogar.
Estoy tan agotada, que me falta tiempo para todo, incluido el blog, estoy dando vueltas a cerrar también esta parte…

Época de turbulencias, confiando en un buen aterrizaje….

¿ Gestionando hijos?

El jueves tuve la suerte de asistir y digo suerte, porque realmente me pareció muy instructiva, a la jornada de “Gestionando Hijos”.

Si lo de “gestionando”, quizás suene raro, de hecho no a todos los ponentes les gustaba el título, el debate de si los hijos se gestionan o no, quedó abierto.

Pero dejando al margen la elección del verbo, en lo que todos estamos de acuerdo, es que a los hijos, hay que educarlos, y esa, es sin duda para mí, la labor más difícil, como madre y como persona.

Los hijos, no vienen con un manual de instrucciones (y no vendría mal), así que no nos queda otra, que esforzarnos y aprender sobre la marcha como ser unos padres competentes
Educar no es fácil, complicado trasmitir valores, marcar límites, crear rutinas, hacer de nuestros hijos personas íntegras.

Me quedó grabado, de una de las ponentes: “que nunca los padres habían estado tan agobiados con la educación de sus hijos y sin embargo, nunca había habido unos hijos con tanto déficits”.

Ante este panorama un poco desolador, solo cabe preguntar: ¿qué estamos haciendo mal? ¿Cómo puedo mejorar?
Hacer un resumen de tantas horas, podría ser un poco denso, así que os voy a dejar las ideas de varios ponentes con las que me quedo:

Javier Urra:

“Hay que enseñar a los niños a aburrirse, a la soledad, a manejarse en la incertidumbre y en la duda”

La pregunta debería ser: ¿para quién hemos vivido?, y no ¿para qué?

David Cuadrado:

“Es más fácil construir de nuevo, que desmontar hábitos pasados, eso es lo complicado”.

“Ser mejor padres para este mundo y para nuestros hijos”

Eva Bach:

“Madres, padres y profesores remando juntos en la misma dirección, sino no avanzamos”

“No me gusta, no significa no vale”

“Hay que confiar en los profesores y apoyar su labor diaria con nuestros hijos. Restablecer su prestigio como profesión.”

Catherin L´Ecuyer:

“El asombro es el deseo para el conocimiento”

“los multitarea son enamorados de la irrelevancia”

“Hay que respetar sus ritmos, vivir el presente, y respetar las etapas de la infancia”

“El consumismo y la falta de límites mata el asombro. No les dejamos desear las cosas, se las damos antes, abrumamos sus sentidos”

“El misterio es una oportunidad infinita para conocer”

Maria Jesus Álava:

“No podemos sobreproteger a nuestros hijos. El mundo no está para servirlos”

“Debemos deja que se defiendan y desarrollen sus propias habilidades”

Maite Vallet:

“Hay que premiar a los niños por sus esfuerzos, y no solo por los logros”

“Mejor marcar consecuencias que castigos. Ante la misma circunstancia, siempre el mismo efecto. A veces el castigo es desproporcionado al hecho, está marcado por nuestro estado de ánimo. La consecuencia está pactada, el niño sabe de antemano lo que va a pasar si hace o no una cosa, él decide, y es independiente a nuestro humor”

Antonio Tobalina:

“Hay que preparar a nuestros hijos para los peligros de la noche. Tienen que saber a qué se enfrentan, y cuáles son las consecuencias de tomar alcohol y otras sustancias. La calle puede tener grandes consecuencias si no se actúa con cabeza”

Fernando Botella:

“Procura coleccionar momentos con tus hijos, no cosas”

“Hay que dedicar a los niños, el tiempo que se merecen”

“La valentía es una actitud. Seamos valientes, para que las cosas pasen”

” La vida merece la pena vivirla con ilusión, talento, valentía, esfuerzo y entusiasmo”

“La vida es chula”.

Y podría seguir y seguir, porque fue una jornada, con ponencias cargadas de contenido, de sabiduría, de interesantes conceptos. Una jornada enriquecedora, constructiva. Una jornada con personas con ganas de “saber más para educar mejor”, personas comprometidas. Una jornada que repetiría, de la que me llevo muchos conceptos, que espero poner en práctica.

Ser padres es una gran aventura, una gran responsabilidad, vamos a hacerlo con las mejores herramientas, en el centro, nuestros hijos, que son un fin en sí mismos.

¿ Es necesario llorar en el cine?

He aquí un post en forma de reflexión, tal vez algo vana, un pensamiento que me ronda en la cabeza, nada profundo, uno de esos que decides expresar un viernes cualquiera, después de una noche sin dormir pasando mucho calor….
Y digo yo, ¿es necesario que en muchas películas infantiles, deba morir algún progenitor del protagonista para potenciar la superación personal?
Ya, así dicho, suena una pregunta un poco extraña…a cuento de nada…pero todo viene desencadenado, porque he llevado a Tenedor a ver : “Dragones 2”…ni que decir que la primera nos encantó, el guión, el mensaje, su protagonista , ese vikingo tan atípico capaz de cambiar las cosas, y como no “desdentado”, un dragón negro, que todos querríamos tener como mascota…con todas estas premisas a favor, allá nos fuimos…
Todo iba bien, hasta que en un punto de la película…( si tienes intención de verla, no sigas leyendo, porque voy a contar lo que pasa….)Hipo encuentra a su madre después de 20 años, y cuando decide volver a su hogar junto a su hijo y su marido, en ese momento de felicidad, los guionistas van y matan a “Estoico”, el padre y jefe vikingo…en ese momento la sala se llena de llantos, de quejas de niños, incluido el mío, que se sentó en mi regazo llorando, y le duró casi hasta el final…hasta a mí, se me escaparan unas lágrimas ( eso, no se debe tener muy en cuenta, lloro a menudo, falta de sueño, hormonas descontroladas…)
Vamos, que fuimos a pasar un buen rato, y se llevó un gran disgusto…me gustaría pensar, que hay otras formas de que los niños aprendan, que se les de una lección de superación personal, de encontrar la fuerza interior, que no sea siempre tras la muerte de un ser querido.
Porque, larga es la lista de películas en las que esto ocurre, empezando por: Bambi, La Cenicienta, el Rey León….incluso en las de princesas como Frozen , por nombrar algunas…
En fin, avisé que era una simple reflexión, y dicho esto, me voy a sumergir en mi jornada laboral, tengan ustedes un buen fin de semana…y si deciden ir al cine…la película no está mal…aunque me quedo con la primera.

Mamá: ¡dame un biberón!

Seguro que los expertos tienen una explicación, que hay estudios al respecto, que me podrían enumerar las causas de ello, pero al final, el resultado sería el mismo: cucharita prefiere el biberón.

Y ahora, me podrían decir, que no se engancha, que no tengo leche, y otras muchas opciones…pero nada de eso es cierto….Yo sigo igual, pero ella, desde que tuvo que comer en biberón, por mi incorporación al trabajo, y por la entrada prematura en su dieta de los cereales, para mejorar su reflujo, paulatinamente, se ha ido inclinando por el bibi, sobre todo en tomas diurnas…

Poco a poco, ha ido rechazando el pecho, hasta que esta madrugada, de forma categórica e inesperada, se ha negado a tomar la toma nocturna, ha llorado, renegado , pegado manotazos al pecho, echándose hacia atrás, hasta que me he levantado a darle un biberón…

Aunque pueda sonar prepotente, no es mi primer hijo, sé lo que es una lactancia, lo que es dar el pecho.
Tenedor se negó al biberón, esperaba estoicamente sin comer, hasta que llegaba del trabajo, y entonces se abalanzaba sobre mí, hasta quedar saciado, y dormía plácidamente. Fue así hasta los diez meses aproximadamente.

Cucharita, nunca ha disfrutada del momento de la comida, y ahora, está dejando claro que prefiere comer en biberón. No sé si por el reflujo o por otras causas, pero la lactancia ha sido poco o nada satisfactoria para ambas.

Y en esta tesitura, puedo elegir entre ponerme todo tipo de carteles de culpabilidad, frustraciones, tristeza, y semejantes, o aceptar la situación, y comprender que todo niño pasa por el proceso del destete antes o después…y a mí, me ha tocado en esta ocasión, antes…puede, que demasiado antes…

Mi relación con las estrías.

Me gustaría decir que mis estrías son causa de  mi primer embarazo, del cambio de peso inevitable que se produce en ese periodo, del esfuerzo tremendo que hace la piel, estirando hasta el límite, y en ocasiones rompiéndose…pero no…estas, las mías, ya me acompañaban antes de que Tenedor,  llegara a  este mundo.

Vienen de tiempo atrás, de aquella adolescencia, donde el cuidado de la piel, no era una de mis prioridades, ese tiempo, en el que algunas perdimos las bonitas formas, para coger peso de más, peso,  que costó perder.   Época complicada donde  la báscula subía y bajaba sin control, y que por falta de información  o interés,   no traté mi piel como hubiera debido, para evitar que las estrías  asomaran su cara.

Cierto es, que ya con Tenedor, intenté cuidarme al máximo, con uso de cremas especializadas, sino para evitar tenerlas, al menos, para evitar que se acentuaran, o salieran nuevas.

Y ahora con Cucharita, he vuelto al ataque, y como si  estuvieran al tanto de  mis temores, recibí un correo de Bayer, para una charla sobre el cuidado de las estrías, y la dermatitis del pañal.

No pude resistirme ante tal oferta, me pareció más que apropiado e interesante, así que acudí,  a ver qué podía aprender, o qué trucos podrían ayudarme,  en la ardua tarea de luchar contra ellas.

Y si es  verdad,  que no siempre son inevitables, y que no hay cremas mágicas  e infalibles, si es cierto,  que no todos los productos son  iguales, ni ofrecen los mismos resultados, por lo que la elección del que vamos a usar, es fundamental.

La charla fue de la mano de Rosa Mª Plata Quintanilla, vicepresidenta de la Asociación de Matronas, muy amena,  que nos explicó porque se producen las estrías, y consejos para intentar evitarlas, el más importante: la prevención, además de contestar a todas nuestras dudas.

Debemos hidratar la piel con un producto especial, desde el inicio del embarazo, hasta unos meses después de dar a luz, haciendo hincapié en pecho, barriga, caderas y muslos, ya que las mujeres  somos más propensas a desarrollarlas en estas  partes, y más durante el embarazo.

La segunda parte de la charla, fue sobre la dermatitis del pañal, y trucos para evitarla, lo importante: elección del pañal, la colocación del mismo,  cambiarlos con frecuencia, y utilizar una crema barrera.

Tuvimos la posibilidad de conocer la cremas: Bepanthol de Bayer, y llevarnos unas muestras a casa.  Os diré que la anti estrías me está gustando, no puedo valorar su efectividad al 100%, ya que ya las tengo, pero con que no me salgan más, me daré por satisfecha, además su textura y sobre todo su olor, es mucho más agradable que otras que había usado.  En cuanto a la de la dermatitis, tengo que esperar a que nazca mi pequeña, para daros mi impresión.

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Además,  luego pudimos compartir experiencias y reflexiones con el resto de blogueras, y el equipo de Bayer, que fue de lo más atento con todas nosotras,  mientras disfrutábamos de un refrigerio.  Una tarde agradable y útil.

IV Tenedor dice…..Mirando al cielo

Un día jugando a las construcciones.

Tenedor: Mamá voy a construir un aparato especial.

Yo:   Muy bien, a ver qué haces.

Tenedor: Ya he terminado, se llama “carescopio”

Yo: ¿Y para qué sirve?

Tenedor: Para mirar al cielo.

Yo: Entonces, ¿es un telescopio?

Tenedor: No mamá, este no es para ver las estrellas, sirve para que puedas ver a tu papá y a tu mamá, todas las veces que quieras en el cielo, y estés más contenta. Mira, mamá prueba. (Me pasa el aparato)¿Los ves mamá?, ¿los ves?

Yo: (Conteniendo las lágrimas, con un nudo en la garganta, y sin apenas poder hablar)  Si mi amor, los veo…muchas gracias, me encanta.

Tenedor: Bieeeen!!, puedes ver a tus papas…mira papá, he construido un “carescopio” para que mamá vea a sus papás…

Momento que aproveché para ir al baño,  llorar y dar las gracias por tener un hijo que fabrica “carescopios”

***Entrada dedicada a todos aquellos que miramos al cielo, cerramos los ojos deseando ver a nuestros seres queridos, en especial a mi compañera MJ, que esta semana ha dicho a adiós a alguien fundamental en su vida***

III Tenedor dice…¡Te veo!

Una tarde sentados en el sofá, Tenedor me pregunta:

T: Mamá, ¿en qué parte de la barriga está ahora el bebé?

Yo: Pues por aquí, (señalando el lado derecho)

T: A ver,  si miro por el ombligo se ve….

Y dicho y hecho, colocó su ojo sobre mi ombligo, diciendo…

T: a ver…si, si, mamá, creo que ahí,  al fondo,  veo algo.

Me deja sin palabras…

¿Soy una madre implicada?

Al convertirte en  madre, tu relación con el mundo que te rodea, deja de ser la misma.

Hacer cosas habituales, adquieren otra dimensión: ir a comprar al supermercado, tomarte un café en un bar, salir a comer fuera, intentar probarte ropa en una tienda…

Aprendes a sobrevivir, en terrenos  desconocidos: el parque, una piscina de bolas…

Y uno de los más temidos: el colegio. El año pasado, Tenedor empezó a ir a la guardería, y mi implicación fue prácticamente nula. Cuando pidieron voluntarios, para contar a los peques nuestra profesión, la mía no me pareció de interés, y menos para niños de 2 años. Luego pidieron padres,  para ir a contar un cuento y cuando me decidí, ya estaba el cupo lleno.

No me enteré,  cuando organizaron las actividades de las fiestas del colegio, incluso, fui de rebote a alguna de las reuniones, porque no había visto la convocatoria por internet.

Así que este año, me propuse, renacer de mis cenizas,  de mala madre no implicada, y empezar el curso, como una madre entregada a la causa.

No he fallado a ninguna de las reuniones, me apunté a la actividad de cuenta cuentos, Tenedor, ha llevado a clase todo el material solicitado, he cooperado activamente, en su proyecto sobre la prehistoria, y mi última aventura: ser madre voluntaria en la Gymkana organizada por el colegio.

Íbamos todos los padres disfrazados de hormigas, la temática, se deduce:  el hormiguero, como moraleja, que trabajando todos juntos, por pequeños que seamos, podemos conseguir grades cosas, y que todos tenemos algo que aportar.

La gymkana tenía 5 pruebas, con 6 equipos, cada padre, participaba en el día, en el  que lo hace su hijo. Me lo pasé genial, casi mejor que ellos.

No tenía muy claro, cual quería que fuera mi relación con el colegio, no soy de esas madres, pesadas, que siempre quieren estar en todo, siempre las primeras, siempre con algo que decir, siempre las más guays, las más preparadas, las más implicadas…esas que las ves, y se te atragantan, pero si he decidido que quiero estar presente, al menos en los actos más relevantes, creo que es bueno para los niños, notar que sus padres se interesan, y forman parte también,  de ese nuevo mundo,  que están descubriendo: el colegio.

La cara de Tenedor, vale, cualquier esfuerzo, incluido, el de aguantar a las madres perfectas, le hace tanta ilusión, verme allí, participando.

Comprendo,  que en la mayoría de los casos, las actividades se realizan en horarios, en los que estamos trabajando, y si ya es difícil,  conciliar con los horarios normales, más con los extras, pero recomiendo,  que en la medida, de lo que cada una pueda, colaborar y estar  implicadas, con la vida escolar de nuestros hijos.  A mi, me ha resultado muy enriquecedor, y además así,  los observas en su ambiente, con sus compañeros, es una experiencia muy interesante.

Supongo, que es una decisión que hay que tomar: participar, o no participar, y que la respuesta cambiará,  según la situación en la que nos vayamos encontrando.

PD: Por protección de imagen de los peques, no os puedo poner ninguna foto, de mi momento hormiga, pero os dejo una,  de mis antenas, que para mi, fue todo un logro, hacerlas caseras.

 

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¡Soy madre y me quejo!

¿Es innata la queja, a la condición de madre?

De hecho, empezamos a quejarnos antes de serlo, nos quejamos  de que: nos ha costado quedarnos embarazas, de que tenemos nauseas, de que engordamos, de que no encontramos ropa adecuada, de que el feto se mueve mucho, o poco, de que nos cuesta estar sentadas, de que nos cansamos de estar de pie, de que tumbadas,  nos damos con la posición. De que no podemos atarnos los cordones, de que no nos caben los zapatos, de que ni hablar de depilarse, de que el embarazo se hace largo, de que duelen las contracciones, de que nos falta el aire, de que tardan en ponernos la epidural.

Una vez que nace, nos quejamos de que:  llora mucho, duerme poco o demasiado, de que no se engancha al pecho, de que la leche me sube en exceso, o es escasa  y se queda con hambre. De que no quiere el biberón o el chupete, o solo quiere esas cosas.

De que tenemos sueño, grietas, dolores de espalda. Nos quejamos de que no crece, o de que lo hace demasiado rápido, de que dice papá, antes que mamá.

De que no come, o no para de hacerlo. De que tarde en gatear, caminar, de que le cuesta hablar, o  nunca está callado.

De que no dormimos, no tenemos tiempo, perdemos intimidad, autonomía, independencia.

Nos quejamos de que conciliar es una falacia, de que es un término de diccionario con poca aplicación práctica. De que trabajar se convierte en un reto diario.

De que educar es difícil, de que el peso de la responsabilidad nos contractura, de que todo cambia.

Y me consta, que desde fuera,  esto puede dar una imagen equivocada de la realidad, puede parecer que renegamos de nuestra condición de madres, pero al menos,  en mi caso, es una forma de desahogo, de descarga, de relativizar todo lo nuevo que nos ocurre.

Puede parecer un insulto, para aquellos, que  buscan  ser padres  y no lo consiguen, igual que quejarse de nuestro trabajo, cuando hay millones que no lo tienen, pero no es más,  que una forma de exteriorizar,  todo lo que nos agobia o preocupa, y en mi caso, procuro hacerlo, para buscar luego,  su parte positiva, la otra cara de la moneda.

Porque a pesar, de que desees mucho ser madre, cuando llega, no es tan fácil, tiene  momentos duros, complicados, de soledad, de incertidumbre, de renuncias,  de agotamiento, de saturación. Y desde luego, que hay personas que no deberían tener descendencia, porque su comportamiento sobre sus hijos deja mucho que desear.

Pero en la inmensa mayoría,  no cabe duda, de que detrás de cada queja, hay un ser maravilloso, que te colma de momentos únicos e irrepetibles. Por el que yo,  estoy dispuesta, sin que me tiemble el pulso, a sacrificar lo que haga falta. Que me hace ver el mundo y la vida de otra manera.

Que una sonrisa suya, compensa el cansancio acumulado, que uno de sus abrazos consuela al alma, que su voz, es de las cosas más bonitas que he oído jamás, y por el que vale la pena, cada una de esas quejas.

Y seguro,  que seguiré  acumulando quejas,  alegrías, aciertos, errores, sueño, miedos, cansancio, momentos únicos, risas, lágrimas…porque,  como en todos los aspectos de la vida, la maternidad está llena de matices, de colores, de buenos y peores momentos.

Nada es perfecto, y menos mal, así siempre, se puede mejorar.

 

¡Tú a la cama, yo al sofá!

Nadie  dijo que la convivencia en pareja, fuera fácil,  ¿o, si? y nada tiene que ver, creo yo, con el amor.

Cuando te vas a vivir con alguien se produce una etapa de adaptación, que cada pareja vive de una manera. Las hay que enseguida se acoplan, y apenas notan el cambio, y a otras, les cuesta algo más.  Pasan por  ajustes y desajustes, hasta que encuentran el punto, en que ambos se sienten cómodos.

¿Pero, qué ocurre cuando llegan los hijos?, Todo lo establecido hasta el momento, ¿sigue vigente?,  ¿es época de revisión?, ¿es cierto que se discute más?

Este es el debate,  que últimamente tenemos en la oficina, las “madres” opinamos que la pareja se ve afectada con la llegada del bebé y en ocasiones resentida. Se discute más, se tolera menos, aparecen puntos de vista encontrados entre los padres, de cómo enfrentarse,   a todo lo que hace referencia con los peques. Cierto es,  que la falta de sueño, el cansancio, los nervios, juegan en contra, pero puede también, que nos volvamos menos transigentes, que queramos que todo,  se haga a nuestro gusto, y eso,  genera más conflictos.

Las “no madres”, dicen que ellas, no lo entienden, que desde fuera, parece que las mujeres nos quejamos mucho, delegamos poco, queremos ayuda, pero solo a nuestra manera, que no dejamos espacio, para que ellos actúen como  consideren oportuno, que exageramos, que nos alteramos con facilidad.  ¿Es cierto eso?

¿Nos volvemos seres insoportables, histéricos, incomprendidos?, o simplemente es  que,  un elemento nuevo en la ecuación, hace que haya que reformular,  para que se obtenga un resultado satisfactorio.

Y mientras se despeja la incógnita, los desencuentros se producen, los puntos de vista diferentes, parecen más, todo acaba,  en algo parecido a una discusión…

No nos ponemos de acuerdo en nada: ¿Qué le pongo?, (muy abrigado/poco abrigado), ¿qué come? (mucho, poco, nada…le doy entre horas, nada hasta la siguiente comida) ¿a qué hora se va a dormir? (muy pronto, demasiado tarde, no te quedes con él, déjale llorar, no quiero que llore, ya se cansará, no quiero oírlo llorar…) Lo cojo mucho, poco. Lo consientes demasiado, la culpa es tuya de las rabietas, tiene mamitis,papitis, abuelitis…¡lo tienen todo!…y un sinfín de pequeñas disputas,  por las cosas más insignificantes.

¿Es realmente tan difícil, criar a unos hijos,  sin conflictos cotidianos?, quizás parezca más de lo que es, y la falta de costumbre, de discrepar con frecuencia, te produzca la sensación,  de vivir en un continuo enfrentamiento.

Puede que solo sea,  cuestión de relajarse, de que cada uno, haga las cosas a su manera,  que tenga su espacio,  eso sí, con unas bases muy claras, para no volver a los peques locos, ellos solo deben recibir el mensaje final, el que,  ambos han aprobado como válido.

Y puede que sea así de sencillo, pero hay días, en que el agotamiento físico y mental, hace mella, y solo queda eso de: ¡Tú a la cama, yo al sofá!

Sí,  soy rara, de elegir, prefiero, el sofá, tengo la tele, y así distraigo  la mente.  Soy de las que me da mal rollo, meterme en la cama triste, enfadada, o disgustada, nunca consigo descansar.

Y llamarme ingenua, pero creo que esto,  se puede hacer sin tanto desencuentro, siempre quedará mañana, para hacerlo mejor, más tranquilos, más serenos, para aprender de lo que funciona, desechar lo que desgasta y  buscar eso tan deseado, que Platón, tuvo la poca delicadeza,  de decirnos que era lo ideal: El equilibrio.

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