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En el lio de ser madre.

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Las semanas al sol.

Sentada con la mirada perdida en el vacío, contemplo desde la ventana de mi trabajo, la fría calle y el cielo gris que cubre Madrid.

Las madres corren por la acera, tirando de sus hijos, porque llegan tarde al colegio, una furgoneta aparca en doble fila, para repartir alimentos a una pequeña tienda, una señora pasea con su perro, un grupo de chavales riendo, un abuelo comprando el periódico….todo parece normal…

Pero esa madre, llega tarde al trabajo, además de al colegio, ese, que no entiende su vida familiar, y que tampoco le importa. Uno,  que no sabe si va a perder por los recortes, por ser mujer, o porque sí. Esa madre, que no ha dormido bien, porque los números no le cuadran ( y no los del país, esos no le cuadran a nadie) sino, los que no sabe cómo combinar para llegar a fin de mes. Qué ha tenido pesadillas porque su hermana, vecina, amiga, ha perdido el trabajo. Porque ni por las noches, puede dejar de pensar, en qué clase de país va a educar a su hijo (si es que lo puede educar, porque a este paso, ni estudios le va a  poder dar).

Un repartidor, que no sabe qué día va a ser el último, cuánto tiempo va a poder mantener su trabajo. Qué emprender significa muchas horas de trabajo, de sacrificio, de vida. Significa dolores de cabeza, incertidumbre. Ese,  que acumula facturas por pagar, y también las de cobrar, porque nadie tiene liquidez. Uno, que mira el telediario, mientras come el menú de oferta del bar de siempre, comentando lo mal que está el país, lo que nos roban, mientras hacen la quiniela, con la ilusión de que 15 aciertos salven su futuro.

Esa señora que pasea al perro, mientras piensa, en las No entrevistas de trabajo que consigue, que ha vuelto a vivir con sus padres, porque no ha podido mantener su piso, ni su trabajo, y su dignidad a duras penas. Esa,  que se manifiesta siempre, que grita hasta quedarse sin voz, pero siente que nadie la escucha. Esa,  que se desanima, porque suma años, fracasos, y resta oportunidades, ilusiones, esperanza.

Los chavales ríen entre ellos, hacen bromas, todavía tienen brillo en los ojos, aunque cada vez, son más conscientes,  de la sociedad que les ha tocado vivir, lo ven, en las caras de preocupación de sus padres, de sus profesores. Lo ven en los telediarios, en la tensión del ambiente. Sueñan con tener una oportunidad, estudiar, ser alguien, mientras empiezan a comprender cuántos se quedan en el camino, que van a tener que luchar el doble, hacerse oír.

Ese abuelo,  que compra el periódico por costumbre, que ha vivido los de antes y lo de ahora. Que a su edad, después de sobrevivir a todo tipo de penurias, de trabajar de sol a sol, para que sus hijos tuvieran una oportunidad, ve como todos sus esfuerzos fueron en vano, como sus hijos sufren la ira de la crisis, la pérdida de poder adquisitivo, ellos si,  han tenido un “injusto empobrecimiento”.  Uno,  que llora por dentro,  cuando va a buscar a sus nietos al colegio, y no sabe qué tipo de futuro tendrán. Ese, que con su pensión, le compra zapatos nuevos, y un pijama, para ayudar dentro de sus posibilidades. Ese, que acumula dolores, pastillas, recetas, y tiempo de espera en los hospitales. Uno, que aunque cansado de todo, pide no morir, porque sabe que sus hijos, lo necesitan para poder organizar su vida…qué no quiere envejecer, porque no quiere ser una carga más. Uno, que ya no se puede permitir descansar.

Y yo, vuelvo en mí, a mi ordenador, pensando en la reunión que tengo mañana, donde nos hablarán de ajustes y reorganización de trabajo, y eso nunca suena bien. Qué como muchos estoy cansada de que me tomen por tonta, que aunque sea una simple mortal, con un sueldo de chiste, no quiere decir que tenga inteligencia restringida, que no me de cuenta,  que me mienten, me manipulan, me roban. Juegan con mi dinero, que me gano con mucho esfuerzo, con el futuro de mi hijo, que me piden esfuerzos que ellos no hacen. Que esto no va de un partido político, que da igual el traje que vistan, lo que nos importa es el resultado, que el que se lo merezca, pague por ello. Que dejen de decir falsedades con una sonrisa en la cara, que  no señores, no somos tontos, somos seres humanos que EXIGIMOS un gobierno que trabaje por un bien común, y no por ver quién se hace el chalet más grande, quién desfalca con más gracia, con más cierto, a ver a quién no pillan…

Queremos resultados y los queremos ya, porque esto, señores, es insostenible, lamentable y vergonzoso.

Gracias a todo aquellos, que tienen el valor, de decir lo que piensan, y nos animan a hacer lo mismo, gracias Peinta, gracias Papá Lobo, esta es su conclusión.

 

 

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