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En el lio de ser madre.

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Con los dos en casa….

Si algo estoy aprendiendo, desde que llegó cucharita a nuestras vidas, es que no puedo con todo, y que al menos por el momento,  es difícil llevar el mismo ritmo, que cuando solo estaba Tenedor.

Qué el tiempo es relativo, y que no pasa nada, si se lavan los platos unas horas más tarde, se barre a horas insospechadas, se plancha en algún momento indefinido, se quita el polvo, ¿se quita el polvo?, se ponen lavadoras al libre albedrio, y se duerme…se duerme cuando te dejan…

Que es una etapa en la que debo ser más flexible conmigo misma, que no debo exigirme tanto, y que es mejor, respirar hondo, relajarme e ir haciendo lo que pueda, y sobre todo, disfrutar de la muñeca, mientras la escasa baja por maternidad, me lo permita.

Y sé, que tengo abandonado el blog a su suerte, y que comento poco, leo menos, y eso me molesta, pero, también sé, que será temporal, y volveré al redil.

Que si ser madre, se antojaba complicado, serlo por segunda vez, sube el nivel de dificultad del juego, y que hay que pasar muchas pantallas para superar obstáculos, conseguir mejorar tus capacidades y salir victoriosa de los retos.

Y que cuando todo parece en contra, y ambos lloran a la vez, cuando uno duerme y el otro se despierta, cuando das la toma y el otro patalea para que juegues con él, o simplemente patalea porque sí, cuando una mano sujeta la bebé y la otra acaricia al mayor para que se duerma, cuando tienes que salir de casa, y justo mancha el pañal y el mayor tiene que hacer caca, cuando los dos te necesitan al mismo tiempo, y no sabes dónde acudir primero, cuando todo parece imposible de resolver, solo te queda, parar, confiar en que es posible, y reponer fuerzas con un abrazo y un te quiero de Tenedor, y con la tierna sonrisa que cucharita me regala.

Porque cuando el cansancio me posee, cuando las ojeras se convierten en una parte más de mi rostro, cuando ya no sé si voy o vengo…ellos son mi brújula, mi antídoto para el agotamiento, mis vitaminas para seguir…

Y es cierto que la maternidad, a veces, tiene esas cosas extrañas, y nuestros hijos son al mismo tiempo la enfermedad y la medicina, los que nos llevan hasta la extenuación, y los que nos dan la fuerza necesaria para seguir, los que agotan nuestra paciencia, los que nos llevan hasta el límite, y a la vez, nos proporcionan una felicidad indescriptible, nos hacen querer ser mejor personas y no nos dejan rendirnos…

Así que, si sobrevivo a la adaptación, volveré a estar presente en todas mis facetas, como madre, mujer y persona, a partes iguales, porque eso, es lo que somos…

 

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